Ensayo sobre la ceguera

Ensayo sobre la ceguera es una novela del escritor portugués José Saramago, publicada en 1995. Es uno de sus libros más conocidos, en el que relata cómo una extraña epidemia de ceguera asola todo un país. Un hombre que espera en su coche frente a un semáforo es el primero en padecerla y a partir de entonces se extiende cada vez más rápidamente entre la población.

Acabo de terminar de leer este gran libro de Saramago, la verdad es que pensaba que me decepcionaría porque las dos personas a las que había preguntado por el libro antes de leerlo me dijeron que ni lo habían conseguido terminar de leer, pero justo hoy lo he terminado y me he dado cuenta de que la ceguera no entiende de amigos ni genios.

 

Sinceramente, la forma de narrar de Saramago no es para todo tipo de mentes, para mucha gente se le puede hacer pesado y muy confuso, ya que en Ensayo sobre la ceguera, Saramago sigue con su estilo de no usar ni un sólo guión de diálogos para señalar quien dice qué. Sino que directamente une las frases de cada locutor mediante una licencia que puede ser hasta blasfema para los más eruditos de la lengua: inicia cada contestación con una mayúscula, aunque venga precedido de coma. Por lo que nos podemos encontrar con párrafos llenos de mayúsculas donde se entremezclan conversaciones y pensamientos del autor a una velocidad de vértigo, tal que hay momentos que debemos releerlo varias veces para no perder el hilo.

Esto unido a que Saramago nos presenta a los personajes y lugares sin dar nombres propios, añade más caos a la narración. La mujer del médico, el primer ciego, el perro de las lágrimas, el sargento, la mujer de las gafas oscuras, el viejo del parche negro, el ladrón de coches, el contable, los malvados, etc. Saramago se vale de su ingenio para huir de los nombres propios a lo largo de su narración, por lo que jamás sabremos el verdadero nombre del protagonista o el lugar de los hechos, pero es precisamente eso un aliciente para el lector, ya que podrías ser tú, podría ser yo… podría ser nuestro mundo.

En definitiva son muchos los “peros” que tiene Saramago para que lectores poco iniciados se echen atrás en el primer capítulo, los nombres, los diálogos, la falta absoluta de signos de interrogación o de exclamación, el uso de un lenguaje por momentos muy culto y sobre todo la voz en off que suele narrar sus relatos que parece como un Dios que se posa en la mente de cada personaje y lo desnuda de cara al lector que se queda sorprendido por lo extravagante y raro que se les hace a los ojos acostumbrados a leer novelas rígidas de estructura y genio, donde el diálogo viene encorsetado con cientos de dijo ella, exclamó el médico, preguntó, añadió, afirmó, gritó él, para que siempre sepamos quien dijo qué y cuando; cogiditos de una cuerda como ciegos vamos, Saramago nos da la mano pero sobre todo nos invita a abrir los ojos y soltar la cuerda que nos guía, para así ver en sus personajes y en sus diálogos, lo que antes no nos permitía la venda.

Es precisamente todo este caos lo que hace de Saramago un genio, ya que cualquier otro escritor que pretendiera hacer algo así acabaría con su libro en la basura, pero Saramago consigue lo que pretende… que el lector acabe acostumbrando su mente a esa forma de narrar y acabe conociendo profundamente a cada personaje, gracias a la voz en off del autor, para que finalmente no necesite que nadie le indique quien habla y quien responde en cada diálogo, ya que el lector hace suyo a cada protagonista y sabe exactamente qué y cómo actúa cada uno y qué diría en cada situación, con qué tono y formas. Simplemente debemos adecuarnos a esta forma de narrarnos los hechos, como mentes planas acostumbradas a lo de siempre, debemos abrir los ojos y acostumbrarnos a ello para entenderlo o abandonar el intento, mente plana. Es precisamente como Saramago nos cuenta en el libro, somos ciegos en este mundo de mierda y basura, donde hay algo de esperanza, y si un día realmente todo el mundo perdiera la visión y nos quedáramos cubiertos por un velo blanco de ceguera, todo nos resultaría extraño… pero acabaríamos acostumbrándonos o muriéndonos, para finalmente si un día recuperamos la visión y hemos sobrevivido a la ceguera, ser mejores al haber recuperado doblemente la vista.

Una vez que nos hemos hecho con el estilo de Saramago es cuando empezamos a degustar cada diálogo, cada guiño, cada situación que se nos presenta como algo increíble y casi rozando la ficción, pero muy cercano y que sin saber bien por qué, nos creemos. Y es que precisamente la historia habla de un mundo en el que poco a poco todos se van volviendo ciegos de manera fulminante, y el Gobierno empieza a recluir a los cientos y cientos de ciegos iniciales en manicomios, grandes supermercados abandonados, pabellones, etc. en una cuarentena vigilada por los militares con orden de disparar a matar si los ciegos intentan escapar o dejarles que se maten entre ellos con la idea de “muerto el perro, muerta la rabia”, ya que se piensa que esta ceguera fulminante es altamente infecciosa. Y justo en este increíble escenario nos presenta Saramago a un grupo de ciegos que se encuentran en un antiguo manicomio y deben valerse por si mismos para sobrevivir, con peleas internas, conflictos de poder, engaños, suciedad, desesperación, muertes y demás situaciones propias de una sociedad enferma y corrompida que ahora en plena ceguera palpa ya con las dos manos la total depravación del ser humano.

En este ambiente Saramago nos cuenta una historia bastante dura, donde la dignidad del ser humano es pisoteada completamente sin pudor ni reparos, con momentos que piden a gritos el vómito mental del lector y en otros la lágrima más sincera por sus personajes. No conmueve como lo pueden hacer otras novelas que así lo pretenden con situaciones típicas de las comedias románticas y demás estilos, sino que lo que transmite es más bien lo bajo que podemos caer como personas, rozando el animalismo más bestial, donde la dignidad humana no existe, pero siempre hay un pequeño atisbo para la esperanza, la solidaridad y el altruismo humano, o que se presupone del alma del ser humano.

Es genial la gran cantidad de sensaciones que transmite Saramago con cada distinta situación ocurrida, nos encontramos así ante momentos en los que nos asqueamos de lo que estamos leyendo y preferimos pasar por alto y rápidamente lo que se nos cuenta, pero en otros momentos es la sensualidad humana e incluso el morbo más inocente el que nos hace releer algunos pasajes, para combatir precisamente otras situaciones en las que quizá las mentes más perversas e insanas disfruten mientras el resto de mortales se queden impactados e incrédulos ante lo que leen. Todo esto aliñado con un toque de humor negro que a veces endulza la crudeza del relato, acompañado siempre por esa voz en off, sabiduría del autor buceando en las entrañas de cada uno de sus personajes, que hace de faro de guía al lector, y que nos deja infinidad de perlas y pensamientos de Saramago que hacen de este libro una obra de obligada relectura para disfrutar de cada guiño o metáfora que se pudo escapar en esa primera lectura en la que aún éramos ciegos.

En definitiva, Ensayo sobre la ceguera es un libro que nos habla de la dignidad humana, la solidaridad, el afán por sobrevivir a todo precio y por encima de cualquiera, de los instintos más primitivos, de la esperanza, de un mundo de ciegos, de un Dios con venda en los ojos, del hambre, el frío, la muerte… Es un libro para ser leído poco a poco, degustando cada sujeto y predicado, cada pronombre y adjetivo, cada personaje y cada diálogo, sin pudor a releer nuevamente páginas anteriores para comprender mejor lo que aquí nos dice, sin temor a vernos reflejado en uno o en cada uno de los personajes aunque sea en todos sus defectos más que en sus pocas virtudes, sin miedo a preguntarnos qué haríamos nosotros si un día nos quedamos ciegos y empezamos a comprender, empezamos a ver…

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